Los huevos son básicos en cualquier compra ya que nos sacan de más de un apuro a la hora de preparar una cena o una comida nutritiva en pocos minutos como revueltos o tortillas. Este alimento es muy versátil, pero si no está en buenas condiciones, puede provocar daños en tu salud. Estos son más patentes con el calor, que propicia la aparición de la salmonela.

Para protegerte contra ella, nada mejor que conservarlos correctamente y protegerte de imprevistos con el Seguro de Salud de MAPFRE.

A la hora de conservarlos debemos tener mucho cuidado, sobre todo, evitando que estos se vean sometidos a cambios de temperaturas muy bruscos. Por otro lado, estos siempre deben almacenarse a temperaturas superiores a 10ºC y con una humedad no muy elevada para que no se deterioren.

Estos siempre deben estar en el interior de la nevera y no colocarse en la puerta, ya que es la zona en la que más variación de temperatura sucede. Su duración en buenas condiciones se puede alargar hasta 3 o 4 semanas.

Para evitar problemas a la hora de consumir huevos e impedir que estos se pongan malos, vamos a ver una serie de trucos que te permitirán conocer esta circunstancia rápidamente. Toma nota de ellos.

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La prueba del plato

Para poder comprobar si el huevo está fresco y puede consumirse, puedes abrirlo y observar las situaciones que te mostramos a continuación:

  • No se expande demasiado: cuando echas el huevo en un plato, este no se desparrama por la superficie. Dicho de otro modo, la yema no se rompe y queda bien definida y dura.
  • La yema y la clara se expanden: si estas se expanden por todo el plato y la yema se queda sin forma, será indicativo de que el huevo no es demasiado fresco.

La prueba del agua

Un truco muy sencillo para conocer si un huevo está en buen estado o no, es hacer esta prueba del agua. Para ello solo necesitarás un vaso lleno a la mitad de su capacidad. A continuación, introduce el huevo en su interior.

La velocidad con la que se hunda y la profundidad en la que lo haga, te indicarán si está en buenas condiciones para ser consumido. Aquí nos podremos encontrar con tres escenarios:

  • Se hunde rápidamente en posición horizontal: esto quiere decir que el huevo está fresco y se puede consumir.
  • Se hunde, pero se queda en posición vertical: en este caso, veremos que lo hace de una manera más lenta y que se deposita en el fondo de manera vertical. Esto nos indicará que el huevo no es fresco y que, aunque puede consumirse, ya está empezando a estar malo.
  • Flota: cuando el huevo no se hunde y queda flotando en la superficie, es un indicativo inequívoco de que el huevo está en mal estado. Si este es tu caso, debes tirarlo inmediatamente a la basura.

Escucha el huevo

Este método es muy sencillo y te ayudará a saber rápidamente si un huevo está fresco o no en pocos segundos. Tan solo tendrás que acercar a tu oreja el huevo y agitarlo.

  • Suena: si al hacerlo escuchas un sonido similar al chapoteo esto significará que el huevo no se encuentra en buen estado ya que la yema y la clara han comenzado a secarse y a formar una bolsa de aire interior. El sonido es muy claro.
  • No suena: si el huevo es fresco no aparece ningún sonido ya que la yema y la clara no presentan ninguna bolsa de aire entre ellas.

Observa la clara

El color de la clara del huevo puede darnos pistas sobre cuál es su estado de frescura. Si al partir el huevo compruebas que la clara tiene ciertas machas oscuras o verdosas, significará que este está afectado por hongos o bacterias. En este caso, deberás deshacerte de él rápidamente.

Cocerlo

Se puede conocer si un huevo está fresco cociéndolo. Para comprobarlo coloca un cazo con agua y deja que hierva. Llegados al punto de ebullición introduce los huevos y deja que se cuezan durante unos 10 minutos.

A continuación, pélalos y ábrelos a la mitad. Si la yema se encuentra en el centro es una señal de que el huevo es fresco. En el caso de que aparezca en un lateral, pegada a la cáscara esto significará que no estaba tan fresco como pensabas.

Con estos trucos ya podrás disfrutar de este producto en óptimas condiciones y evitar así intoxicaciones que pueden derivarse de su mal estado de conservación.