El suelo radiante es un sistema de calefacción que consiste, básicamente, en la instalación bajo un paramento –generalmente el suelo– de tuberías de plásticos especiales en forma de meandros, por las cuales circula agua caliente, lo que provoca que el calor o el frío se irradien desde el suelo mejorando la sensación de confort. El sistema es semejante al de calefacción por agua caliente con caldera y una red de distribución, pero teniendo como emisor el suelo en lugar de radiadores. Dada la extensión superficial del emisor –el suelo– se emplean bajas temperaturas.

En lugar de agua caliente, se puede emplear también electricidad por medio de resistencias eléctricas metálicas o hilos de fibra de carbono como resistencias.

El sistema, realmente, no es novedoso. Ya los romanos utilizaban uno parecido en sus casas y en las termas para calentar el aire, llamado hipocausto. Consistía en un horno exterior para calentar el aire que era conducido por un falso suelo y entre dobles paredes hasta una chimenea para evacuar los gases, cuyo tiro térmico facilitaba su circulación. El mismo sistema fue adoptado posteriormente por la «gloria» castellana.

Lo mejor (y lo peor) del suelo radiante

La calefacción por suelo radiante tiene sus ventajas y sus desventajas y con ello sus defensores y sus detractores. Para sus partidarios es la mejor calefacción del mundo, mientras que para sus detractores es muy cara y, sobre todo, insana.

Examinemos las ventajas y los inconvenientes de este sistema para poder decidir en consecuencia sobre su instalación o no en nuestros hogares. Sobre ventajas e inconvenientes, parece que existe un cierto consenso entre los partidarios y los detractores de este sistema.

Las ventajas más significativas son:

  • Al ser un sistema en el que la cantidad de agua que se mueve es mínima, a baja temperatura la energía necesaria para calentarla también lo es, con lo cual se consigue un alto rendimiento y un considerable ahorro. Se estima un consumo entre un 10 y un 20 por ciento menos que el de otros sistemas de calefacción convencional.
  • Puede usar fuentes de energía renovables, como son la aerotermia o la geotermia a través de la bomba de calor o la energía solar térmica a través de sistemas híbridos.
  • Deja más espacio libre en la vivienda al carecer de elementos calefactores externos como radiadores o convectores.
  • Con un sistema de bomba de calor, se puede utilizar como suelo refrescante en verano, aunque tiene sus inconvenientes como después veremos.
  • El calor se reparte de manera uniforme por toda la casa. Y esto, junto a la eliminación por completo de corrientes de aire, estratificación, sequedad, etc., provoca una sensación de mayor confort.

En cuanto a los inconvenientes, se aprecian los siguientes:

  • La inversión económica para la instalación de un sistema de calefacción por suelo radiante es considerablemente mayor que la de otros sistemas más convencionales. Sus partidarios arguyen que este gasto se amortiza a la larga por el ahorro que proporciona.
  • Sus detractores han sostenido siempre que el sistema resultaba perjudicial para la salud de las personas que tenían problemas vasculares en las piernas.

    Parece ser que al limitarse reglamentariamente la temperatura máxima a 29 grados, este problema ha desaparecido, pero algunos siguen pensando todavía que no es saludable. No obstante, lo mejor es regular la temperatura en torno a los 23 grados para minimizar este tipo de problemas. Si aun así tienes dudas, el Seguro de MAPFRE Salud dispone de los mejores especialistas que pueden asesorarte sobre la incidencia que puede causar este tipo de calor si presentas problemas vasculares. Otra cosa sería si habláramos de suelo radiante eléctrico, que sí parece que puede suponer un riesgo para la salud debido al campo electromagnético que genera. Este es el punto que genera mayor controversia y no está muy claro quién tiene razón.

  • La lentitud en su funcionamiento es otro de sus puntos débiles. Al tener que calentar una gran superficie inerte, su utilización debe ser de forma continuada, por lo que solo sería apto para inmuebles con una alta ocupación horaria. No es un sistema adecuado para lugares en los que hay que encender y apagar diariamente la caldera.
  • Por el mismo motivo, no se adapta bien a los cambios bruscos de la temperatura exterior.
  • El mantenimiento de esta instalación conlleva cierta complejidad técnica, por lo que debe realizarla personal muy cualificado con el gasto que ello supone.
  • El suelo refrescante no es apto para instalarlo en zonas con alto nivel de humedad porque  provoca condensaciones.
  • No se puede instalar en todos los casos. Hay que tener en cuenta que se debe aplicar una capa de material sobre la solera  –recrecido–  de diez a doce centímetros, por lo que se aconseja un estudio previo para su viabilidad tanto en obra nueva como en reformas.

Como puede verse, este sistema tiene ventajas e inconvenientes como casi todo en la vida. Cada cual debe ponderar unas y otros y decidir si se adapta a sus gustos y necesidades y obrar en consecuencia.