¿Tienen tres dimensiones los televisores con 3D?

Publicado por canalHOGAR, 16 Mar 2017

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Televisor 3D

El mercado de los televisores está viviendo una evolución tecnológica sin precedentes. Si hace unos años las compañías se centraban en lograr el menor grosor posible y aumentar el tamaño de la pantalla al máximo, en los últimos tiempos el factor que marca la diferencia está en la tecnología.

El mercado de las televisiones ha pasado del blanco y negro al color, de ser un electrodoméstico que ocupaba gran parte del salón a medir menos de 10 cm y de ser una emisión plana a poder verse en 3D. La tecnología para poder disfrutar de una visión tridimensional tiene sus orígenes en el año 2009 cuando tras el éxito de Avatar en los cines, los fabricantes de este tipo de productos empezaron a apostar fuerte por la implementación en el hogar de los efectos tridimensionales.

Fue Panasonic la compañía que sacó los primeros televisores con 3D al mercado, el VT25, y que empezó una tendencia que arrastró al resto de entidades. Es cierto que antes ya habían aparecido tímidos intentos, pero fue a partir de 2010 cuando todas las marcas se lanzaron en la fabricación de televisores 3D, utilizando esta característica como elemento de venta y punto central de las campañas de marketing.

Sin embargo, para analizar si realmente una televisión con 3D realmente merece la pena es preciso estudiar cómo funciona esta tecnología. Como todos sabemos, la pantalla de un televisor es plana, por lo que la manera en la que se consigue el efecto tridimensional es “engañando” a nuestro cerebro. Esto es posible emitiendo una imagen diferente para cada ojo y que el cerebro, al unirlas, les otorgue profundidad. Hay tres maneras de lograr que una pantalla emita en tres dimensiones:

 

  • 3D activo. En este caso las gafas incorporan una electrónica propia y son específicas para ese televisor. Son estos gadgets los que realizan el trabajo y los que se encargan de adaptar las imágenes a cada ojo. Se consigue de esta manera una calidad de imagen más alta y una percepción de profundidad más intensa. Por otro lado, al ser especiales para cada TV, las gafas no son universales y por lo tanto será difícil encontrar recambios en casos de que se estropeen. Otro punto a mejorar es el precio, sensiblemente superior a otros sistemas de emisión.
  • 3D pasivo. Las gafas en esta ocasión son polarizadas (como las que se entregan cuando se va al cine) y es la pantalla la que se encarga de emitir dos imágenes de forma simultánea. Para ello se hace una difusión diferente en las líneas pares y en las impares del televisor. Son luego las gafas las que hacen que cada ojo capte unas líneas concretas y que por lo tanto se genere el efecto tridimensional. A favor de esta tecnología está que las lentes pueden ser intercambiables y que su precio es inferior a otros métodos de 3D.
  • 3D sin gafas. En la actualidad hay televisiones capaces de crear una emisión tridimensional sin necesidad de usar ningún otro elemento. El fabricante con más progreso en este campo es Stram TV que, si bien no realiza televisiones de manera propia, si que vende su tecnología a otras compañías. Su pantalla Ultra-D es capaz de realizar una experiencia 3D de calidad combinando varios elementos, como analizar qué es lo que está mirando cada ojo y adaptar las imágenes específicamente para cada uno de ellos. Este tipo de tecnología todavía está en pañales y hay muy pocas TV en el mercado en este momento que incluyan esta opción y las que la disponen de ella tienen un precio prohibitivo.

 


Las televisiones en 3D han supuesto una revolución en la manera de visualizar contenido en el hogar. Sin embargo, su implementación en las viviendas no está siendo tan positiva como se suponía años atrás. Los principales problemas de este tipo de televisores son la falta de contenidos y la imposibilidad de disfrutar de una calidad en alta definición

Tras la fiebre que se produjo con las películas en 3D en el cine, parece que actualmente ninguna empresa cinematográfica apuesta abiertamente por esta tecnología. Apenas se proyectan películas tridimensionales en los cines y es incluso más complicado poder lograr un DVD o Blue-Ray con la posibilidad de ser visualizado en tres dimensiones. Sin nada que se pueda consumir, la atracción de este tipo de televisores baja de manera evidente. También se puede comprobar la pequeña implicación de las entidades creadoras de contenido si observamos el mundo de los videojuegos, donde únicamente es Play Station la consola que ofrece la opción tridimensional, pero a cambio de perder calidad. Y es que es justamente la falta de poder disfrutar de una visualización e imagen en HD el otro gran lastre de las televisiones 3D. Actualmente para hacer posible una percepción en tres dimensiones se tiene que sacrificar calidad y luminosidad.

Son este tipo de inconvenientes los que han hecho que la tecnología 3D este en duda. De acuerdo con estudios proporcionados por la consultora NPD, el número de televisiones vendidas en EE.UU. que incluían esta opción ha pasado de ser el 16% en 2015 a solamente el 8% en 2016. En España el dato no llega al 3%. Otra muestra evidente del retroceso de las tres dimensiones en las pantallas del hogar es el hecho de que Samsung, líder mundial de ventas, no vaya a sacar en 2017 ningún modelo de TV con 3D.

Es evidente que las televisiones 3D se han visto lastradas por unos precios algo excesivos y la falta de contenido. Entonces, ¿dónde está el futuro? Las actuales apuestas de los fabricantes se centran en el 4K UHD y las pantallas curvas. Es decir, se están centrando en ofrecer una calidad de visualización muy alta y un efecto envolvente. Cabe preguntarse si esta nueva tendencia es una moda temporal o el camino que se mantendrá con el tiempo.

Igualmente, las televisiones inteligentes se están convirtiendo en un reclamo cada vez más habitual entre los usuarios. Un caso a destacar recientemente es el de la compañía estadounidense VIZIO cuyo salto a la opinión pública ha sido con más pena que gloria al tener que hacer frente a acusaciones de espiar a sus usuarios. Esto, no obstante, no merma la curiosidad del mercado por los televisores capaces de recoger data y ofrecer contenidos “pensados” según sus hábitos de entretenimiento.

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