Cómo motivar a los niños para que estudien

Publicado por Cristina Yáñez, 23 Nov 2012

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Ayudar a los niños a estudiar

Muchos padres no saben cómo ayudar a los hijos en sus estudios. Desde que son pequeños es necesario que vean y experimenten en casa esa necesidad de recibir una educación y los beneficios de estudiar. A veces el problema no es solo del niño, sino del entorno familiar. Por eso hoy, Roberto Salamanca, psicólogo - psicoterapeuta (Nº colegiado M-25151) de Avanza Psicoeducación, quiere comentarnos cómo podemos motivar a los niños para que no terminen abandonando sus estudios en un futuro.

LO QUE DEBES SABER...
  • Motivación: es la familia la primera que debe mostrar esa necesidad de aprender y adquirir una educación. Así los niños tomarán ejemplo y lo verán como algo normal en su vida.
  • Rutinas: todos los días deben hacer las mismas actividades, en los mismos lugares y a las mismas horas. Ellos solos aprenderán a cumplir con ese horario diario.
  • Jugar: los niños no solo deben estudiar, también necesitan tiempo para divertirse, socializarse y hacer otras actividades. Es necesario que los padres estén presentes tanto en la hora de deberes como en la hora de juegos.

 

1. Aunque los niños comienzan el colegio desde bien pequeños, no está de más que los padres intenten motivarles mucho antes y enseñarles la necesidad de recibir una educación y una buena enseñanza. ¿Cómo podemos conseguir esto?

En la actualidad son muchos los niños que desde muy pequeños acuden a la escuela infantil, de hecho gran parte de ellos van a la escuela desde antes de cumplir el primer año de vida. Esto responde a una necesidad de la sociedad actual, los padres trabajan y los hijos deben quedarse al cuidado de alguien y ¿qué mejor que la escuela? Pero es cierto que aunque los niños acudan a la escuela desde bien temprano, cosa que seguirán haciendo durante muchos años (por lo menos hasta los 16 años deben estar escolarizados), no podemos olvidar la importancia que tiene la familia para crear una actitud positiva y motivar a los hijos en la necesidad de recibir una buena enseñanza y una educación completa. El sistema educativo actual tiene la gran responsabilidad de conseguir que los alumnos se motiven por el aprendizaje, pero sin el concurso decidido de los padres, las instituciones educativas lo tienen mucho más complicado.

La participación de los padres en la escuela es otro elemento importante para motivar a los hijos hacia el aprendizaje. Se trata de que el hijo perciba claramente una alianza educativa entre la escuela y la familia. Otro aspecto importante es la realización de actividades de ocio de carácter educativo, pero no por parte exclusiva del niño, sino actividades donde se implique toda la familia. En definitiva, el niño se motivará más por aprender cuando perciba que esa motivación es un elemento compartido por su familia transmitido desde el afecto.

 

2. ¿Qué consejos puedes darnos para enseñarles a los niños a diferenciar entre la hora de los deberes y la hora de juegos? ¿Cómo podemos hacer que se adapten a unas rutinas diarias sin que lo vean como un castigo?

Durante toda la vida, pero fundamentalmente en la infancia, es imprescindible ajustar los ritmos vitales para tener una buena salud física y mental. Las rutinas diarias ayudan a los niños a regular los ritmos biológicos. La mejor manera de que los niños aprendan a diferenciar la hora de juego de la hora de estudio en casa, es la misma que utilizan en los colegios para diferenciar los momentos de aprendizaje académico, del ocio y el descanso.

La clave para que los niños aprendan una rutina es mantener esa rutina todos los días. Los niños deben levantarse siempre a la misma hora, desayunar en el mismo sitio (por supuesto sin televisión), comer a la misma hora en los mismos lugares, hacer los deberes siempre a la misma hora, etc. Además, el mantener esa estructura nos permitirá poder ser flexibles y de vez en cuando abandonarla para introducir pequeños cambios. En concreto, para diferenciar el momento de juego del momento de deberes, lo primero es el orden en el que suceden las cosas. Primero habrá que hacer los deberes y después jugar, no al revés. Una buena secuencia desde que llegan del colegio es merendar, hacer los deberes, jugar y después de jugar recoger. Por otro lado el espacio donde se realicen las diferentes actividades deberá ser distinto en función de la actividad. Esto implica que durante el momento de hacer los deberes y estudiar no se pueda ver televisión ni estar escuchando música ni tener el teléfono móvil o el ordenador conectado. Todo esto son elementos distractores que dificultan la concentración del niño en la realización de la tarea escolar.

Otro elemento importante a tener en cuenta es la actitud de los padres durante estas dos actividades. Acostumbramos a darle mucha importancia a los estudios, que la tiene, y dedicamos mucha atención a los hijos durante la realización de tareas escolares y mostramos mucho interés por los resultados académicos. Sin embargo no le dedicamos el mismo tiempo ni la misma atención a sus momentos de juego. Con esto lo que quiero decir es que es fundamental que los hijos realicen tareas escolares, pero el juego es igualmente importante. Los padres debemos estar presentes en ambos momentos y siempre mostrándonos afectuosos.

3. Ahora llegan las vacaciones de Navidad y muchos padres se preguntan si seguir con estas tareas diarias o dejar a los niños que descansen y jueguen todo lo que quieran. ¿Qué es lo mejor?

Bueno, la Navidad es casi por definición una época del año en la que las rutinas de los niños cambian. No podemos pretender seguir con la misma dinámica que durante el trimestre escolar, pero lo importante es dotar a las vacaciones, en este caso las de Navidad pero es igual para cualquier otra, de una rutina que el niño pueda llevar a cabo. En mi opinión no está mal utilizar este tiempo para el descanso, o más bien para la realización de otro tipo de tareas que no se pueden llevar a cabo durante el trimestre, sobre todo esas actividades educativas que implican a toda la familia a las que me refería antes.

En definitiva, podemos tomar las vacaciones como un periodo diferente del escolar donde predominen las actividades vinculadas al juego, pero esto no debe significar que desaparezcan los ritmos y las responsabilidades. La importancia de mantener una rutina no desaparece por ser Navidad, aunque la rutina pueda ser otra mucho más relajada. Aprovecho para animar a que los padres y las madres se planteen, dentro de sus posibilidades, la realización de actividades conjuntas con los hijos en el periodo navideño. Y por supuesto que no lo dejen ahí, que continúen realizando actividades juntos el resto del año.

4. Y ¿qué pasa cuando volvemos de Navidad? ¿De qué manera podemos conseguir que no noten tanto el cambio?

Como comentaba anteriormente, si hemos mantenido cierta rutina y cierto orden durante la Navidad, aunque sea una rutina más flexible y más calmada, el cambio de las vacaciones a regresar al colegio no debe notarse tanto. Es decir, no se trata tanto de qué hacer justo los días antes de regresar al colegio, sino de hacerlo durante todo el periodo de vacaciones. De nuevo mantener unos horarios con una rutina marcada nos va a ayudar a llevar mejor los cambios.

5. ¿Cómo podemos ayudar desde casa a los niños que tienen problemas de aprendizaje?

En algunas ocasiones surgen problemas que dificultan el aprendizaje. En la mayoría de los casos si se detecta de forma temprana y se trata no tiene por qué suponer un problema que conduzca al alumno inevitablemente al fracaso escolar. Lo principal es la alianza que mencionaba anteriormente, la alianza entre padres e institución educativa. Con toda probabilidad, será el centro educativo el que detecte el problema y dé la voz de alarma. También desde el mismo centro educativo se podrá derivar a los equipos externos competentes para realizar una evaluación si fuera necesario. Una vez se cuenta con un diagnóstico claro, el centro deberá introducir los cambios oportunos y hacer las adaptaciones necesarias para que el alumno pueda superar los contenidos establecidos en el curso.

Sin embargo, los padres son también parte fundamental para que el alumno pueda superar sus dificultades. Una de las cosas que trabajamos con los padres que tienen un hijo con problemas de aprendizaje es enseñarles a regular sus sentimientos y sus emociones en referencia al problema que presenta su hijo. Después es importante aprender del problema en concreto, pues no todos los problemas de aprendizaje son iguales. Los padres deben seguir las indicaciones que le den desde el centro educativo, que debe ser un aliado para hacer frente a estas dificultades. Es importante que desde casa el niño perciba que tiene todo el apoyo y toda la comprensión por parte de los padres, que la familia se encuentra unida para superar entre todos esta dificultad. Pero, y esta parte es esencial y a veces complicada, tenemos que esforzarnos para que el problema de aprendizaje no sea el elemento clave en la relación con nuestro hijo.

Nuestros hijos se conforman una identidad personal que guarda mucha relación con la imagen que proyectemos de ellos mismos. Por eso es imprescindible que veamos a nuestro hijo no solo como una persona con dificultades de aprendizaje, sino que veamos esto dentro de todo el conjunto de características que definen a nuestro hijo. Si proyectamos hacia nuestro hijo todo lo positivo que tiene, le será más fácil superar sus dificultades e integrarlas sin conflicto dentro de su identidad.

6. ¿Es bueno apuntar a nuestros hijos desde pequeños a clases de apoyo y actividades extraescolares?

En ocasiones vemos que ciertos niños necesitan clases de apoyo para superar momentos puntuales del curso. No es mala idea siempre que el niño lo necesite. Una buena manera de saber si el niño se beneficiaría de clases de apoyo es preguntarle a sus profesores y contar con su opinión. La ventaja de que un niño reciba algún tipo de apoyo escolar es que los padres pueden rebajar en cierto modo el nivel de atención en este tema y dedicarle atención a otros aspectos de la vida del hijo donde esté teniendo buen resultado. Así el hijo percibirá que es importante el estudio, que los padres se preocupan pero que además hay otras actividades que se le dan bien y en casa es reconocido por ello. De nuevo esto tiene que ver con la identidad y con la autoestima.

Pero ante la pregunta de si es bueno o malo que los hijos realicen actividades extraescolares,  dependerá mucho no solo del tipo de actividad sino de lo que esa actividad suponga para la familia. En general los niños lo que prefieren es que sus padres pasen tiempo con ellos jugando. Si miramos el estilo de vida actual nos daremos cuenta que son muchos los niños que pasan la mayor parte del tiempo o en el colegio, o frente a la televisión, o jugando a videoconsolas o jugando solos. Esto nos puede llevar a la conclusión de que los niños necesitan realizar actividades extraescolares para relacionarse con otros niños y aprender a socializarse. En cierto modo puede ser así, y no me cabe duda de que hoy día hay actividades extraescolares maravillosas donde los niños se relacionan, juegan, aprenden y se divierten, pero también hay cierta obsesión por apuntar a los hijos a actividades desde pequeños, no tanto para que se lo pasen bien sino para que sean más competitivos o puedan aprovechar mejor las oportunidades en el futuro. Antes de apuntar a un niño a una actividad habría que sopesar para qué es y quién se beneficia de ella. La mejor actividad que puede realizar un niño es jugar con sus padres, lo demás hay que verlo como un complemento, pero nunca como algo que pueda sustituir la relación entre los padres y los hijos.

7. ¿Cómo evitar el abandono escolar cuando son adolescentes?

Es fundamental motivar a los hijos desde que son pequeños por la cultura, la educación y el aprendizaje. Si lo hacemos desde edades tempranas es más probable que incorporen lo académico como una parte inseparable de su propio deseo e identidad. Pero es cierto que en ocasiones en la adolescencia hay momentos en los que el adolescente expresa su deseo de abandonar sus estudios. En este momento el adolescente desconecta su posible futuro con la actividad escolar actual y aunque insistamos en lo importante que es formarse y estudiar, no lo escucha. Por eso el camino no es repetir lo importante que es estudiar para el futuro, si no motivarle.

¿Y cómo se hace eso? Pues bien, no es sencillo, pero es posible. Lo primero es conseguir que continuar con los estudios sea parte de sus deseos. Para ello hay que poner en relación sus metas, sus objetivos vitales y su identidad con los estudios. Si conseguimos que estudiar sea un deseo del adolescente tendremos buena parte del camino ganado. Después hay que intensificar ese deseo, y para ello tenemos que hacer que el mismo adolescente lo perciba como necesario para que insista en conseguir sus metas. También debemos hacer más atractiva la meta (incentivando los logros). Por último lo único que queda es facilitarle la tarea (que no significa que otros lo hagan por él o ella), mostrándole nuestro apoyo y siempre haciéndole ver que es capaz de conseguir las metas que se proponga.

Otra cosa que facilita la tarea es ayudarle a centrarse en metas cortas (mejor pensar en el trimestre que no en todo el curso o en todo un ciclo), y ayudarle con técnicas de estudio que le resulten útiles. Como mencionamos antes, no hay que centrar toda la relación familiar en los estudios y hay que recordar que nuestros hijos tienen más habilidades y que si les hacemos sentirse capaces en otros ámbitos, es más probable que se sientan capaces también en los estudios. En algunas ocasiones focalizar demasiado en el problema del abandono hace que surja un bloqueo por parte del adolescente que empeora la situación.

En resumen, es necesario motivar a nuestros hijos fomentando en ellos el optimismo, ya que las emociones favorecen o dificultan nuestra capacidad de pensar, planificar, enfrentarse a una tarea, etc. Las emociones pueden ser el motor o el freno para conseguir un objetivo a largo plazo estableciendo los límites de nuestras capacidades, determinando los logros que podemos conseguir. Aprovecho para recomendar un libro a los padres y madres que quieran conocer más sobre el tema de la motivación, “Los secretos de la motivación”, de José Antonio Marina.  



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