Casa de la ermita blanco

Publicado por Covadonga Carrasco, 06 May 2013

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Vino blanco casa de la ermita

Una buena comida o cena puede verse ninguneada si la elección del vino no es la adecuada. Esto sucede especialmente a la hora de elegir los vinos blancos sobre los que la mayoría de la gente tiene menos información. Uno de los vinos con los que seguro que no se falla es precisamente el vino casa de la ermita blanco.

Y es que la bodega Casa de la Ermita tiene su origen en 1999 gracias a una familia que siempre había estado vinculada con el mundo de la agricultura.

Los viñedos situados en El Carche, Murcia, son parte de un Parque Regional Protegido, consiguiendo así la máxima calidad gracias a los mimos especiales con los que se tratan.

Situados a 700 metros de altura, los viñedos están rodeados de flora y fauna en un ambiente de ensueño.

Una producción cuidada al detalle

Un parque de 4.200 barricas de 225 litros cada una, cuenta además con tres prensas neumáticas y un equipo de frío, una embotelladora de 5.000 b/hora y una capacidad en sus depósitos de 2.500 miles de litros.

El proceso de elaboración de este vino tiene una duración aproximada de entre 10 y 15 días a una temperatura controlada que logra, gracias a este proceso, unos vinos sabrosos y perfectos para regar nuestra mesa.

En cuanto al casa de la ermita blanco, hablamos de un vino blanco seco que se cultiva en la zona más alta de la finca, aproximadamente a unos 750 metros de altura, lo que ayuda a que los niveles de acidez y aromas de fruta fresca sean todavía más intensos.

Antes de comenzar con el proceso de fermentación, se produce una maceración en frío para extraer de su propia piel compuestos que favorecen la elaboración del vino y por tanto su especial sabor.

Cuando se ha llevado a cabo el desfangado, la fermentación se produce a 17ºC durante un tiempo aproximado de 12 días.

Un vino con un toque de amargor que invita a seguir bebiendo

En cuanto al vino propiamente dicho, se trata de un caldo limpio y brillante que observamos con un tono amarillo verdoso.

En nariz recuerda a deliciosas notas frutales con aromas de albaricoque, melocotón, melón, piña y jazmín.

En boca es un vino que envuelve, cremoso y amable con el toque de acidez perfecto y persistente en el retrogusto, con una sensación de amargor que nos anima a seguir disfrutándolo.

A la hora de servirlo, la temperatura ideal es de 8ºC y el maridaje debe ser con pescados blancos, mariscos, ensaladas, arroces, quesos y frituras, lo que lo convierte en el vino perfecto para tomar el aperitivo.



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